Sobre la jerigonza de los nuevos medios y otras supuestas tomaduras de pelo
A muchos asombra, señores y señoras, que en un medio virtual como internet haya tantas tomaduras de pelo. Porque muchos -quizá los más- piensan que lo que llamamos virtual es menos engañoso que lo real. Son, sin duda, los mismos que creen que la palabra escrita -en una piedra o en internet- es más verdadera que la que se lleva el viento. Otros, en cambio, creen que una página web es más volandera que una página impresa, y que el riesgo que tiene de perderse por los sumideros del ciberespacio la hace menos digna de crédito. Pero en internet, como en botica y en la vida, hay de todo, y lo que hoy parece un crecepelo mañana resulta una tomadura de ídem, o al revés. Hace unos años, a algunos les pareció una broma, o cuando menos inadecuado, que una compañía telefónica se denominase Uni2, pero quizá hoy se envían «slu2» [saludos] o se dicen «tkro» [te quiero] con el móvil, del que quizá también en su día abominaron. Este fenómeno lingüístico de la omisión de vocales y la pronunciación significante de las consonantes, aunque importado de EE UU, ha empezado a cundir también en castellano. Ahora me viene a las mientes el acierto del cacográfico nombre de la camisería masculina «Qellos» (nada que ver con el acierto de la sonoridad sonora de Don Algodón, que nos suena ya como de otra época). Pero son los nuevos medios, con internet y la telefonía móvil a la cabeza, los principales vehículos de este nuevo lenguaje que produce al año más de 1.000 términos nuevos. A estas alturas resulta difícil aventurar qué quedará de toda esta jerigonza. Así que, burla burlando, nos vamos navegando al sensato y seguro rincón de la ciencia médica, donde al menos las tomaduras de pelo se estudian mediante un análisis del cabello.
La nueva nos la trae el primer JAMA del año. Sin omitir ninguna vocal ni palabra significativa, podríamos resumirla así: el análisis del cabello resulta impreciso e ineficaz para medir el estado de salud nutricional de una persona. Como dicen los autores de la comunicación especial «Assessment of Commercial Laboratories Performing Hair Mineral Analysis» (en internet está disponible a texto completo), el análisis mineral del cabello está siendo utilizado por los profesionales de la salud y promovido por los laboratorios como una herramienta de valoración clínica y para identificar la exposición a sustancias tóxicas (en EE UU se realizan cada año una media de 225.000 análisis), y eso a pesar de que un estudio de 1985 publicado también en el JAMA (véase resumen en MedLine) había puesto de manifiesto la escasa fiabilidad de este método. La conclusión de este nuevo trabajo, en el que se enviaron a analizar muestra de cabello de una misma persona a los seis laboratorios que realizan el 90% de los análisis en EE UU, es rotunda: «El análisis mineral del cabello de dichos laboratorios no resultó fiable, por lo que recomendamos que los profesionales de la salud no los utilicen para evaluar el estado nutritivo de los pacientes o la sospecha de una exposición a sustancias tóxicas del medio ambiente». Cuatro de los laboratorios recomendaron suplementos minerales y vitamínicos, y tres de ellos, consumir, por un periodo de tiempo indeterminado, un producto de fabricación propia que costaba 100 dólares al mes.
Ni qué decir tiene que la oferta de análisis del cabello en internet es de lo más florida, y que la tomadura de pelo -o de lo que se precie- está a tiro de un par de clics desde cualquier buscador. En internet hay sin duda mucha basura, pero no hay que olvidar que también hay muchas cosas valiosas. El medio se presenta tan incierto, descreído, impuro, abierto, repleto de posibilidades y peligros como el siglo que empieza. Internet es, qué le vamos a hacer, la mejor cifra y metáfora del nuevo siglo.
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