Sobre la idea de «empowerment» en el contexto de la salud
Nunca es fácil, ni cómodo ni eficaz, referirse a un concepto sin poder nombrarlo con una palabra en el propio idioma. Es lo que venía pasando con el “empowerment” inglés, tan en boga en los últimos años en la jerga de los teóricos de la salud y en otros ámbitos. El paciente parece llamado a ser el centro, el protagonista, el responsable, el que manda en su salud. La idea es que el ciudadano gana poder y se hace fuerte porque tiene más información y mayor capacidad de decisión sobre su salud. Esta ganancia es lo que designa la palabra “empowerment”, pero ¿cómo decirlo sin rodeos en castellano?
La respuesta estaba tardando en llegar, y hete aquí que ya hay una palabra en circulación: “empoderamiento”. Dice Rafa Bravo en su Primablog sobre medicina y atención primaria que hace un par de años apenas había referencias de esta “palabreja” en la red, pero ahora ya encontramos cerca de 100.000 entradas en los buscadores de internet. Para la Real Academia Española, en su vigente Diccionario de la Lengua Española de 2001, los verbos empoderar y empoderarse están en desuso; pero los más corrientes apoderar y apoderarse no parecen apropiados para referirse a esta interesante vía de hacerse poderoso que es tener un mayor control sobre la propia salud. Como tampoco nos sirve apoderamiento como traducción de “empowerment”, quizá haya que considerar el término “empoderamiento”, horrísono para algunos sin lugar a dudas, y celebrar el recobramiento de la salud del moribundo empoderar. Es lo que hace, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo, que incluye empoderamiento en su Glosario sobre prevención y eliminación del trabajo infantil doméstico en Sudamérica y lo define como el “conjunto de acciones orientadas a generar mayores niveles de asertividad, competencias, habilidades y actitudes que permitan a las personas ejercer poder en los diferentes niveles y ámbitos de la vida. Se vincula a la noción de autonomía y a sus cuatro dimensiones: física, económica, política y sociocultural”. En el contexto de la salud cabe distinguir un “empowerment” individual y un “empowerment” comunitario, según el Health Promotion Glossary de la OMS de 1998, porque así como el individuo puede “empoderarse” para gestionar mejor su salud, también puede hacerlo la comunidad mediante acciones colectivas orientadas al control de los determinantes de la salud y la calidad de vida comunitaria. Pero el concepto de “empoderamiento” ha calado también en la sociología, la economía y la gestión empresarial, entre otros ámbitos, y aquí ahora igual se “empoderan” los pacientes que los trabajadores o las mujeres.
Pudiera ser que esto del “empoderamiento” no fuera una realidad sino tan sólo una ilusión, y hasta habrá quien piense que no es más que una maniobra del poder. Algunos neurobiólogos llegan todavía más lejos y creen que el libre albredrío, como los sonidos o los colores, son sólo una ilusión del cerebro. En todo caso, por hacerse ilusiones de “empoderamiento” que no quede.
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