Adicciones

Sobre los avances en la neurobiología de la drogadicción

No es habitual que un grupo de investigadores españoles haga una revisión en The New England Journal of Medicine (NEJM). Por eso hay que destacar que Jordi Camí y Magí Farré, del Institut Municipal d’Investigació Mèdica (IMIM) de Barcelona, acaban de publicar una puesta al día de una docena de páginas sobre los “mecanismos de la enfermedad” en la adicción a drogas (NEJM, 4 de septiembre de 2003). De las ideas esenciales recogidas en este trabajo hay que subrayar sobre todo la ratificación científica de que la adicción debe ser considerada como una enfermedad médica crónica. Esta noción se ha ido imponiendo en los últimos años con la acumulación de numerosas investigaciones que aportan muy diferentes pruebas de que el consumo prolongado de drogas produce cambios a largo plazo en el cerebro. Estos cambios afectan principalmente a los circuitos cognitivos y de recompensa y, entre otras consecuencias, provocan una disminución de la plasticidad cerebral asociada con el aprendizaje y la memoria. Aunque las sustancias de abuso estudiadas tienen muy distintos efectos y las características de la adicción que provocan son asimismo diferentes, otra idea interesante de esta revisión es que todas las drogas comparten mecanismos neurobiológicos comunes. Los euforizantes y sedantes opioides; el estimulante y desinhibidor alcohol; los relajantes y apaciguadores cannabinoides; las energizantes anfetaminas y cocaína; la nicotina y otras drogas, por encima de sus diferencias, actúan sobre los mismos sistemas y rutas cerebrales, como el sistema opiáceo cerebral relacionado con la recompensa y ciertas rutas dopaminérgicas asociadas con el refuerzo de la conducta.

Queda mucho todavía por saber, sobre todo en la determinación de las bases genéticas y de la predisposición individual, pero a la vez son muchas las expectativas que despiertan las nuevas tecnologías, especialmente las técnicas de neuroimagen cerebral tridimensional y la aplicación de los biochips en la determinación de la susceptibilidad a la adicción. En este sentido, en los próximos años se espera que haya importantes avances que ayuden en la prevención y el tratamiento, según Nora D. Volkow, la directora del National Institute on Drug Abuse (NIDA) de EE UU. Con todo, la validación científica de ideas como la existencia de una “personalidad adictiva” dista mucho de haber sido realizada, pues la influencia de los factores ambientales y sociales es tan compleja que no parece nada fácil deslindar estos condicionantes de los genéticos. A la postre, puede discutirse si los fumadores son enfermos o no, y hasta polemizar intelectualmente sobre el derecho al consumo de drogas, como hace por ejemplo Thomas Szasz en su libro “Nuestro derecho a las drogas” (Anagrama), pero cuando se trata de ayudar a las personas con adicciones lo que se impone es tratarlas con la misma diversidad de medios y terapias individualizadas que se emplea en el manejo de una enfermedad crónica como la diabetes o el asma.


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