Epidemia de obesidad

Sobre el auge global de la obesidad y la avalancha paralela de información

El crecimiento epidémico de la obesidad a nivel mundial encuentra su justa correspondencia en un continuo incremento de investigaciones sobre este problema de salud. La reciente avalancha de estudios básicos, clínicos y epidemiológicos tiene su trasunto en la red, donde la atención y el espacio dedicados al tema empiezan a tener unas dimensiones considerables. Como telón de fondo está la falta de preparación de los médicos generalistas para ofrecer el apropiado consejo dietético a los pacientes obesos o con sobrepeso, puesta de relieve en algunos estudios (véase Escepticemia del 23 de abril de 1999: Consejo dietético). No diremos que los médicos sean los responsables de esta epidemia, pero sí que su concurso resulta necesario para la divulgación de información veraz y para ofrecer un adecuado consejo dietético a las personas con problemas de peso. La creciente atención que prestan las revistas médicas al estudio de la obesidad le está permitiendo al médico completar su formación y afinar su criterio, que cada vez más está siendo puesto a prueba por los pacientes más informados que leen los estudios que trascienden a los medios de comunicación o acceden a ellos a través de internet.

En un rápido repaso de los estudios sobre obesidad y sobrepeso que han llegado a la opinión pública en la últimas semanas encontramos informaciones bien diversas. Ayer mismo, el New England Journal of Medicine, del que se hacen eco ya casi todos los medios de comunicación de prestigio del mundo, hacía saber que la reducción de peso en las madres con sobrepeso que están amamantando a sus hijos no plantea ningún problema para la alimentación y salud del bebé. Un día antes, el Journal of the American Medical Association (JAMA) publicaba un estudio sobre la eficacia de uno de los pocos fármacos que hay para el tratamiento de la obesidad: Orlistat in the Long-term Treatment of Obesity in Primary Care Settings. Y yéndonos simplemente unos cuantos días atrás en el mes de febrero podemos encontrar informaciones tan diversas como el aumento de suicidios entre las mujeres obesas o la posible contribución de las grandes raciones (“super-sized”) a la obesidad de los niños estadounidenses (Journal of the American Dietetic Association).  Como informaciones rotundas recordemos una de la BBC del Reino Unido que decía sin ambages que los niños británicos comen ahora peor que en los años cincuenta y otra del 25 de enero de este año que llamaba la atención sobre la epidemia de obesidad infantil que recorre los países desarrollados.

¿Pero realmente existe tal epidemia? La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo dejó bien claro hace dos años en su informe “Obesity. Preventing and managing the global epidemic”, al constatar que hay en todo el mundo unos 250 millones de obesos (véase además el especial Obesidad del JAMA). Pero además se pueden aportar otros datos contundentes: la proporción de personas obesas se ha duplicado en la década de los años ochenta, y si la obesidad continua creciendo al ritmo actual, el 18% de los hombres y el 24% de las mujeres de todo el mundo serán obesos en el año 2005. En países como Estados Unidos las estadísticas sobre obesidad de los CDCs son aplastantes, y se calcula que un total de 300.000 muertes achacables a la dieta y la falta de ejercicio podrían prevenirse. Aunque las cifras en España no son tan alarmantes (un 13,4% de la población es obesa) el problema no es menor y plantea un reto importante para todos. En las condiciones de vida actuales el cuerpo humano, el mismo que fue diseñado por la evolución en la época de las cavernas, sigue siendo muy eficiente para acumular depósitos de grasa sin que haya ahora las mismas oportunidades de perderla. Menos mal que hemos inventado el deporte.


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