Sobre los grandes avances médicos y su reconocimiento
[divider_flat] ¿Cuál es el mayor avance médico desde 1840? La decisión, aparentemente caprichosa, de centrarse en los últimos 166 años es del British Medical Journal (BMJ), que fue fundado ese año y que es quien ha hecho una encuesta con esta pregunta para conmemorar la renovación de su página en internet. De las 70 propuestas recibidas, un comité ha seleccionado 15 hitos médicos que han sido votados en los últimos 10 días por más de 11.000 personas, entre médicos (29%), público general (22%), estudiantes (14%) e investigadores (10%). Los resultados, que se publican en el último número de la revista británica, muestran que el ganador ha sido… la higiene, es decir, la separación de las aguas sucias y las limpias, o lo que es lo mismo, el váter y el agua corriente, con el 15,8% de los votos, seguido de los antibióticos (14,5%), de la anestesia (13,9%), de las vacunas (11,8%) y del descubrimiento del DNA (8,8%).
Todas las listas de hitos son a la vez el reconocimiento de lo ya sabido por todos y la constatación de una cierta sorpresa por alguna que otra ausencia. En esta lista de los 15 grandes hitos de la medicina –los otros candidatos menos votados han sido la teoría de los gérmenes (7,4%), la píldora anticonceptiva (7,4%), la medicina basada en la evidencias (5,6%), los rayos X y otras técnicas de imagen (4,2%), los ordenadores (3,6%), la terapia de rehidratación oral (2,7%), los riesgos del tabaco (1,6%), la inmunología (1,6%), la clorpromacina para tratar la esquizofrenia (0,6%) y el cultivo de tejidos (0,4%)– no están, por ejemplo, los trasplantes o la aspirina. Los descubrimientos que ocupan los primeros lugares son de hace muchas décadas y tienen en común el haber sido logros individuales y relativamente sencillos, pero que han tenido una aplicación masiva y han contribuido a salvar muchas vidas. Así, el hallazgo del médico inglés John Snow, que demostró en 1854 que la epidemia de cólera de Londres estaba causada por el consumo de agua contaminada por materias fecales, y el posterior impulso que dio Edwin Chadwick a las medidas sanitarias para reducir la mortalidad por enfermedades infecciosas, quizá no habrían merecido el premio Nobel, pero sirvieron para abrir la puerta a la revolución sanitaria y sentar las bases de la moderna epidemiología. El grifo de agua limpia y el váter siguen siendo, probablemente, el mayor y más irrenunciable lujo de nuestra civilización, a la vez que la mayor de las carencias para millones de personas en todo el mundo.
Si esta pregunta se vuelve a plantear dentro de medio siglo, las medidas higiénico-sanitarias seguirán siendo una conquista esencial. Pero la perspectiva para enjuiciar la trascendencia para la salud de avances colectivos como las aplicaciones del conocimiento genético, el cultivo de tejidos y, sobre todo, internet puede ser bien diferente. Del mismo modo que la implantación de redes de conducción de aguas ha sido el gran hito médico de los últimos 166 años, la red de redes que es internet podría serlo en el futuro.
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